Síntomas

Reconocer los síntomas de los problemas de salud mental es el primer paso hacia el tratamiento y la recuperación. Hay una serie de signos que podrían aludir a una enfermedad mental, pero es importante señalar que sólo un profesional médico puede proporcionar un diagnóstico concreto. También es esencial entender que la salud mental y la salud física están muy entrelazadas, y que las dos juntas componen nuestro bienestar general. Éstos son algunos de los síntomas generales que hay que examinar, incluso los signos físicos, así como detalles adicionales sobre varias enfermedades:

  • Aislamiento social

  • Pérdida de interés en actividades que normalmente son agradables

  • Fátiga o pérdida de energía, sensación de pereza

  • Cambios notables en el apetito

  • Pérdida de peso o aumento de peso de forma significativo e inexplicable

  • Cambio en los patrones de sueño – dormir demasiado o muy poco

  • Pesadillas repetitivas sobre una experiencia traumática

  • Disminución de la higiene personal

  • Sudoración o bochornos

  • Dolores de cabeza

  • Cambios rápidos o dramáticos del estado de ánimo

  • Depresión o tristeza prolongada o persistente

  • Sentirse desconectado de uno mismo o de sus alrededores

  • Creencias exageradas sobre poderes personales o pensamientos “mágicos”

  • Dificultad inexplicable con la concentración, la memoria, el habla o el pensamiento lógico

  • Confusión mental

  • Ideas delirantes y alucinaciones

  • Exceso de temor, preocupación o ansiedad

  • Sospechar de otras personas

  • Hablar muy rápido o demasiado

  • Mareos o quedarse sin aliento

  • Abuso de sustancias

  • Pensamientos del suicidio

Los síntomas adicionales a buscar en los niños son los siguientes:

  • Cambios en el rendimiento escolar

  • Pérdida de interés en actividades, como dejar de hacer deportes

  • Preocupación excesiva, ansiedad o miedo intenso

  • Pesadillas persistentes

  • Hiperactividad

  • Arrebatos frecuentes de ira

  • Incapacidad para hacer frente a las actividades diarias

  • Desafío a la autoridad, absentismo escolar, robos o vandalismo

  • Miedo intenso de subirse de peso

  • Cambios en los hábitos de comida o sueño

  • Agresividad extrema

  • Intimidación o acoso